"Aprendemos que hay que controlar nuestras emociones, estrangular nuestra espontaneidad, con el fin de estar "integrados", no diferenciarnos, para ser apreciados. Y así, agazapados, va disipándose la posibilidad de aplicar nuestra inmensa fuerza. En un momento dado, consideramos normal vivir obviando nuestros valores y talentos y nuestra capacidad para decidir, que, de tanto esconderla, creemos no tener".
El don de vivir como uno quiere. Concha Barbero de Dompablo.