Y ahí me quedo. En una página que no es la última. Sin llegar al desenlace. Con un final que yo no sabré. Mientras lo leía sentía cómo cada día descubría algo que me enganchaba inevitablemente a la lectura aunque algunas páginas parecían tediosas. Frases con las que hubiera empapelado mi habitación, historias que me parecían no reales, una dosis de romanticismo que llenaba esas horas de silencio frente a un libro abierto. Hace días que lo aparqué, pero siempre lo trasladaba a donde fuera. Ayer también lo hice, ahora no sé dónde está.
Ya ves, Cracovia sin ti en mi. Puro paralelismo. FIN.