irinova09@hotmail.com

lunes, 30 de agosto de 2010

Saborear

lo que te ofrece la vida.

Siento que en estos días saboreo todo lo bueno que me rodea y me pregunto si antes no lo hacía o en contrapartida lo hacía pero no tenía nada sabroso a mi alrededor. El caso es que hace tiempo alguien a quien quiero mucho - adoro- me enseñó que siempre tenemos cosas buenas que nos rodean pero no siempre nos permitimos verlas. Sólo hay que pararse y descubrir qué tenemos dentro de cada uno. Disfrutarlo y repartirlo. Así todo fluye, y sin esfuerzo alguno.

Solemos estar esperando que ocurran cosas magníficas y no sabemos que lo mejor está en nosotros... En nuestra paz, en nuestro saber, en nuestro amor, en nuestro vivir. Si se cultiva, crece solo. Si se mima, se entregará repleto de felicidad. Y cuando no es así, cuando pensamos que el mundo que nos rodea nos ataca, que la mala suerte existe, que no merecemos esto o aquello, esa parte tan valiosa -tan positiva- queda relegada a un infinito plano -del que nadie podrá salvarla-. Así, sin instrucciones. Es así.

Sólo uno mismo puede saber los sabores que le gustan. Cómo y cuándo quiere tomarlos.

Si no nos paramos a aprender de nosotros mismos, el mundo nos comerá. Con papas.