Así que me descubro recogiendo mis frutos. Los de saber mirar, saber esperar. Saber parar; aquí.
Sin querer lágrimas me encuentro sonriendo, feliz ;sin querer intranquilidad vivo la paz - junto a ti,junto a mi- ; sin querer vivir en la mentira saboreo la verdad -la mía, la tuya-; sin querer seguir fingiendo ando queriéndoos -a ti, a él, a ella-; sin querer subirme a la cima, hoy estoy por encima de todos los malos momentos -tan claros , tan lejanos-.
Y así es. Me descubro rodeada de felicidad, ilusiones y alegrías. Y la suerte no existe. La suerte somos nosotros. Los que vivimos con la clara intención de no hacer otra cosa que no sea vivir.