La belleza. Me la encontré en un pedestal al salir a correr una mañana. Todo el mundo hablaba de ella, ninguno se la llevaba a casa. Allí quedaba repleta de halagos viendo pasar el mundo, sintiendo un grave vacío. Barítono. Descendente. Agonizante.
Porque deseo no ser bella. Ni parecerlo a los ojos del mundo. Porque quiero ser bellamente sana ante tu mirada. Que olvides mi luz cegadora o mi suavidad aromatizada. Quisiera que desnudaras mi piel, sintieras mi latido y quedaras dormido. Al despertar sentir mi abrazo y volar en mi sexo. Sin más. Sin menos. Sin belleza. En mí.
Por eso te espero. Por eso te anhelo. Porque lo eres todo, sin pedestal, sin necesidad de que existas: Tú.
Y mientras creces, yo, bella.