La primavera empieza a ofrecernos sus primeros regalos, entre ellos atardeceres preciosos, y dicen - se supone, cuentan- que alegría, bienestar. Estuve sentada en un mirador durante al menos una hora; pasaron turistas, paisanos, jóvenes, mayores, parejas, solitarios...y lo que más me sorprendió fue que en un espacio tan reducido, nadie me dedicara un sencillo "hola" o una leve sonrisa. No la merecía por estar allí plantada como un árbol, pero me hizo pensar en las pequeñas cosas, en esas que no necesitamos, en esas que no admiramos, en esas que para tantos -para mi- pueden ser suficientes. Una mirada, un saludo, un abrazo, una caricia...¿dónde quedaron?. Esas personas paseaban, charlaban, miraban al suelo, pero no me veían. Hoy he descubierto la soledad buscada.
... Y decía aquel bonito film :"qué triste éste vacío, estar lleno de nada".